Antes de empezar conviene dejar por escrito qué entra y qué no entra en el acompañamiento técnico. Así evitamos malentendidos cuando llegue el primer muestreo.
El punto de partida es siempre una lectura del sustrato y del historial de riego del lote. Si no tenemos esa información, la primera visita se dedica a recogerla. No proponemos cepas ni dosis sin saber qué hay debajo.
Los productos que manejamos son microorganismos viables. Eso implica fechas de uso, condiciones de conservación y una ventana de aplicación que no se puede estirar. Si el material lleva semanas mal almacenado, no lo damos por bueno.
La colonización micorrícica responde al riego, al pH y a la fertilización mineral. Podemos ajustar el protocolo, pero no garantizamos un porcentaje concreto de mejora: cada especie y cada contenedor se comportan distinto.
No sustituimos al laboratorio de análisis foliar ni emitimos certificados fitosanitarios. Tampoco intervenimos en suelos contaminados sin un plan de remediación previo. Si el caso se sale de ahí, lo decimos antes de firmar nada.
La primera respuesta técnica llega en pocos días laborables. Las visitas a vivero se agendan según campaña, y en primavera la agenda se cierra con antelación. Preferimos avisar de esto antes que prometer disponibilidad inmediata.